Los zapatos del Ministro, subterfugio de la responsabilidad social de las personas juzgadoras
Por: Victor Hugo González Rodríguez
Dos personas del equipo del Ministro Presidente Hugo Aguilar Ortiz, limpian su calzado y los medios de comunicación y comentócratas lanzan de inmediato sus «análisis» cargados de fobias o de filias.
No nos detendremos en calificar dicho evento, nuestro interés se centra en «aprovechar» el contexto, para hablar de la responsabilidad social de las personas juzgadoras.
Calamandrei sostiene que el juez es el Derecho hecho hombre y agrega que «el juez es un abogado moderado y purificado por la edad: a quien los años le han quitado las ilusiones, las exageraciones, las deformaciones, el énfasis y, acaso también, la impulsiva generosidad de la juventud; el juez es lo que queda después de suprimidas del abogado todas aquellas virtudes exteriores por las cuales el vulgo lo admira».
Las sociedades en general, y, particularmente las occidentales, reconocen en las personas juzgadoras su papel fundamental en la democracia constitucional, pues además de decir el derecho lo deben garantizar.
Hobbes afirma que las cosas que hacen de un buen juez son: 1) un recto entendimiento de esa principal ley de naturaleza llamada equidad, que depende no de la lectura de los escritos de otros hombres, sino de la bondad de la propia razón natural de un hombre y de su capacidad de reflexión; 2) un desprecio por riquezas y honores innecesarios; 3) la capacidad, a la hora de juzgar, de despojarse de todo miedo, indignación, odio, amor y compasión; 4) paciencia para escuchar; diligente atención a lo que oye, y memoria para retener, digerir y aplicar lo que se ha oído.
Quien juzga debe ser una persona honesta, sabia, paciente, trabajadora, imparcial, respetuosa, justa, independiente, que ame el derecho y defienda la libertad; debe comprender que el acto de juzgar no es meramente un trabajo, sino una forma de vida.
Carnelutti remata: «el juez, para serlo, debiera ser más que hombre: un hombre que se aproximara a Dios. De esta verdad conserva un recuerdo la historia al mostrarnos una primitiva coincidencia entre el juez y el sacerdote, que pide a Dios y obtiene de Dios una capacidad superior a la de los demás hombres».
Estas son razones, por las que actos como los acontecidos con el Ministro Presidente producen tanta deliberación, pues no hay duda que las personas juzgadoras facilitan los bienes del Estado. Murena ilustra: «Cualquiera que consulte la historia de las naciones más famosas, advertirá que la felicidad de que gozaron siempre fue secuela de la sabia administración de la justicia. Por el contrario, las desgracias de los imperios y de las repúblicas dimanaron de un gobierno poco justo. Un gran político enseñó a los príncipes que la injusticia de los magistrados, era una de las principales causas que podían adquirirles el odio de sus vasallos».

