La Reforma Judicial es un proceso
Por: Jueza Amarande Riojas Orozco
Reza un refrán que lo perfecto siempre está peleado con lo bueno. Aunque la idea que nos impulse en la vida sea hacer todas las cosas impecables para obtener las mayores satisfacciones, la realidad funciona de otra manera y cuesta, por lo que ha implicado en casi un año, comprender que se mejora de forma paulatina y no de manera instantánea.
Esto no quiere decir que nuestro compromiso deje de ser con la excelencia, ni con la voluntad firme de ayudar a las personas; solo que la construcción de instituciones que funcionen para todas y para todos, no es de la noche a la mañana, involucra cientos de noches y cientos de mañanas.
Recientemente se aprobó en el Congreso de la Unión un nuevo conjunto de reformas a la propuesta original que daba inicio al nuevo Poder Judicial de la Federación. Más allá de las opiniones, a favor o en contra, como personas juzgadoras nos corresponde entender estos cambios para explicarlos bien a los ciudadanos que nos demandan justicia diariamente.
A lo largo de la historia del Poder Judicial de la Federación las reformas ha sido de distinto tipo y tamaño, la aprobada en 2024 significó un vuelco por dos elementos: la posibilidad de que a las personas juzgadoras se nos eligiera por voto libre, secreto y directo; y la creación de nuevos órganos jurisdiccionales cuyas atribuciones, respectivamente, son administrativas y de disciplina.
La posibilidad de competir en una campaña para obtener la mayoría del voto de los ciudadanos no se modifica, a pesar de que sí se clarifican y se especializan los mecanismos para elegir a los próximos aspirantes a un juzgado o a una magistratura, un cambio en el que, pienso, estábamos de acuerdo sociedad, juzgadores y autoridades.
También se modifica el número de participantes y el diseño de la boleta para que resulte más sencilla la comprensión del proceso, así como que los justiciables puedan conocer de mejor manera los perfiles de los candidatos que serán votados. Y en cuanto hace a una elección concurrida como la del próximo año, se tomó una decisión trascendental de renovar la segunda parte del Poder Judicial de la Federación hasta 2028; lo que dará un espacio mayor para diseñar un proceso electoral simple, informado y con perfiles evaluados por medio de herramientas adicionales que midan conocimientos y capacidades de los candidatos. Lo cual es un acierto ya que el objetivo, es que más personas ejerzan su derecho a elegir a sus juzgadores y participen en la elección de la otra mitad del Poder Judicial.
Gracias a la voluntad de la gente tuve el honor de ganar mi lugar como jueza de distrito en materia penal en el 2025. Y puedo decir a título personal que a mí me cautivó la oportunidad de ir a tocar puertas para buscar el voto de las y los mexicanos. Ya que la nobleza, el compromiso y el amor a nuestra patria, es una constante en nuestra gente y por eso estoy convencida de que esta debe ser la forma en que el pueblo de México siga eligiendo a sus juzgadores.
Comprendo lo difícil que pudo ser para muchos aspirantes convertirse en sujetos de elección popular y más cuando la formación de la abogacía no te enseña necesariamente a tener un perfil político, pero era imperante que el pueblo eligiera y conociera a sus juzgadores, ya que dentro del Poder Judicial la soberbia, la indiferencia, la altivez y la corrupción eran vicios que terminaron por ocasionar estos cambios radicales, pero positivos para México.
Ahora los cambios no son instantáneos y a casi un año de la reforma, tenemos muchos retos como nuevos juzgadores: el rezago de expedientes, el ajuste de procesos encaminados a usar los recursos de manera eficiente para que los justiciables puedan tener acceso a una justicia real y no a nuestra acostumbrado derecho selectivo y corrupto del cual aún siguen beneficiándose los despachos de privilegiados, que se oponen a perder sus privilegios y siguen haciendo todo lo que esté a su alcance para destruir una reforma que busca darle a los mexicano lo que tanto exigimos y merecemos. Una justica real, efectiva y para todas y todos.
Es una cuestión de tiempo, la evaluación de esta reforma al Poder Judicial tendrá que ser objetiva, y aunque exista una resistencia natural al cambio y más para aquellos que pierden privilegios, el tiempo es justo y los que apoyamos la reforma no daremos ni un paso atrás, ya que el compromiso que adquirimos al ser juzgadores electos es firme, constante y muchos de nosotros estamos convencidos que desde que adquirimos este honor, compromiso y responsabilidad, nos debemos al pueblo de México. Y ese cambio, entre otros, será un parteaguas para consolidar un Poder Judicial en el que, por encima de cualquier interés, esté el de la justicia para las mexicanas y los mexicanos.

