Inteligencia Artificial en el Tribunal Federal de Justicia Administrativa: menos forma y más justicia de fondo
Por: Mtro. Luis Enrique Osuna Sánchez
La inteligencia artificial vendrá a mejorar el juicio contencioso administrativo federal sin tocar lo que nunca debe tocar: la decisión. No llegará a reemplazar a las personas juzgadoras ni a “resolver” controversias de manera automatizada; viene a meterse donde frecuentemente se ven afectados los expedientes y en consecuencia las sentencias: en la captura, en el orden, en los plazos, en la integridad de las pruebas, en la trazabilidad de lo que se notificó, y hasta en la forma en que se integra la litis. Su efecto no es una ilusión es algo palpable y trascendente: la IA puede disminuir la cantidad de juicios que se pierden, se retrasan o se enredan por errores que no tienen nada que ver con el fondo.
Usuarios externos (litigantes, autoridades, peritos, terceros, etc) e internos (secretarios, auxiliares, archivistas, actuarios, oficiales de partes, etc) dentro del tribunal conoce el patrón: el conflicto inicia por un acto definitivo de la autoridad, una multa, una negativa, un crédito, una sanción administrativa, una resolución que se percibe como injusta o ilegal. Y, sin embargo, cuando se interpone un juicio, en más de una ocasión el verdadero campo de batalla está en las cargas de trabajo, en los tiempos y en la forma.
Un demandante que describe un acto con ambigüedad. Una autoridad demandada mal señalada. Una prueba esencial se ofrece de manera ilegible. Un cómputo de plazos equivocado porque alguien leyó mal una fecha. Una constancia de notificación que existe, pero se traspapela entre anexos. O el clásico “sí estaba en el expediente, pero nadie lo vio”. El resultado es una justicia viciada.
Cuando la IA se integre al juicio contencioso administrativo y se arraigue en los sistemas existentes —particularmente sobre el piso ya existente que es el juicio en línea y el expediente electrónico— su aporte principal no será hacer sentencias y sustituir a las personas magistradas, sino quitarle todo ese ruido al procedimiento. No se tratará de simplificarlo en el sentido superficial sino de volverlo ágil, eficaz y verificable. Si el juicio contencioso vive dinámicamente dentro de un sistema, la IA podrá actuar como una capa de control de calidad que operará desde el primer segundo.
Qué sucede frecuentemente en la práctica: se presenta una demanda y aun en escenarios digitalizados, los anexos pueden estar desordenados, con archivos digitales sin nombre o nombres que no corresponden a la naturaleza del documento, pruebas faltantes y otras duplicadas, PDFs que pesan demasiado o están borrosos, inconsistencias pequeñas pero que pueden generar problemas grandes. Con IA integrada al juicio contencioso administrativo, el sistema con IA integrada podrá leer esa entrada en segundos y con menos margen de error que equipo experimentado: identificar quién demanda, a quién demanda, cuál es el acto o actos impugnados, qué pide, qué hechos son relevantes y qué documentos corresponden a la base de la pretensión. Y al mismo tiempo podrá hacer lo que a las personas se les fue un error ya sea por cansancio o por carga, sean alertados de inconsistencias como que la demanda dice una fecha pero el anexo principal es de otra; advertir que el acto que se afirma impugnado no fue acompañado; señalar que falta la constancia de notificación o que está ilegible; detectar que hay urgencia para dictar medidas cautelares porque se menciona embargo inminente, bloqueo de cuentas o clausura, por citar un ejemplo, y todo este, en segundos.
No se pretende que un sea el sistema con IA quien “admita” o “deseche” una instancia. Se trata de que, antes de que el expediente nazca con errores, el sistema nos advierta: “aquí falta algo esencial” o “aquí hay una contradicción que va a generar un problema”. Por supuesto, además emitirá instantáneamente un borrador de acuerdo respectivo —admisión, desechamiento, requerimiento— para que la supervisión humana se concentre en lo importante. El tiempo que se ganará no será tiempo burocrático; será tiempo de calidad: menos horas invertidas en detectar manualmente lo que la IA nos dará en segundos.
Probablemente lo mismo ocurrirá con algo que a simple vista parece menor, pero es una fábrica de incidentes innecesarios: las notificaciones. El juicio contencioso no solo necesita demostrar que existió una notificación sino necesita probar que se notificó bien, que notificó de manera completa con los anexos que correspondían, que respetó la ruta y los tiempos. En la práctica litigiosa, esto genera discusiones interminables. Con un expediente electrónico perfectamente trazable y una IA integrada, el sistema podrá operar como un supervisor incansable y podrá impedir, por ejemplo, que se envíe una notificación sin anexos o con los incorrectos; podrá confirmar que el documento que se pretende notificar coincide con el descrito en el acuerdo firmado; podrá vigilar automáticamente los plazos para que se activen las alertas cuando corresponda y se tomen decisiones; y podrá dejar marcas claras de acuses, accesos y consultas. Con un expediente electrónico bien instalado, muchos debates dejarán de tener sentido no porque se impida ejercer medios de defensa, sino porque se volverá más difícil alegar la incertidumbre pues quedará rastro verificable de todo lo que pasó.
Pero donde la IA puede cambiar de verdad el juicio será en el terreno probatorio. Por ejemplo, una parte que ofrezca una prueba documental la subirá al sistema; el archivo existirá, pero si está incompleto, o está escaneado con mala calidad, o no se relaciona con ningún punto controvertido. El trabajo humano manual, bajo presión, puede no percatarse de que ello. Es humano. Con IA integrada, el sistema podrá funcionar como auditor de completitud: podrá construir un índice automático de pruebas, detectar faltantes críticos, advertir duplicados, avisar si un documento es ilegible o si hay afirmaciones de hechos sin sustento documental. Y, más importante aún, podrá ayudar a conectar el expediente con sentido jurídico: qué prueba sostiene qué hecho y por qué ese hecho importa para tal concepto de impugnación.
Ese tipo de organización no sustituirá la valoración. La valoración seguirá siendo jurisdiccional y humana. Lo que cambiará es que el expediente dejará de depender del cansancio para que lo relevante no se pierda. Cuando se llegue al proyecto de sentencia, la IA podrá servir como un espejo incómodo: “estás dando por probado X, pero no hay evidencia de ello en el expediente”; “este resolutivo ordena un efecto que no se menciona en los considerandos”; “existe una contradicción interna”; “falta pronunciamiento sobre una pretensión”; “debe pronunciarte por el derecho subjetivo”; “Podrías estar violentando una jurisprudencia”. La IA no dictará la sentencia. Ayudará a evitar errores por descuido.
Hay un lugar donde la justicia administrativamente frecuentemente batalla afectando su prestigio, y es después de emitida la sentencia: en el cumplimiento. Muchas veces la decisión existe y es impecable, pero en el cumplimiento se diluirá. Ahí la IA no harpa magia, pero sí puede ayudar a que seamos más exigentes y enérgicos y sobre todo puntuales. Podrá calendarizar vencimientos, generar alertas, proponer acuerdos de requerimiento, y algo particularmente útil puede además comparar lo ordenado por el Tribunal con el acto dictado en cumplimiento de una sentencia, para detectar si hubo exceso, defecto o repetición del acto anulado como alerta técnica. La autoridad jurisdiccional decidirá qué procede, pero ya no partirá de cero sino de un seguimiento trazable que ayudará a que no se nos escape nada mediante alertas permanentes y la emisión de propuestas o borradores de acuerdos instantáneos.
Esto podría cambiar la vida de las partes. Para quien demande, el juicio dejará de sentirse como un laberinto innavegable donde cualquier error tiene consecuencias fatales: un sistema con IA se convertirá en su asistente personal para advertir antes de presentar una promoción si “te falta esto”, “tu acto no está claro”, “tu firma no es válida”, “tu cómputo de plazo es equivocado”, y podrá acompañarlos con lenguaje claro diciéndoles qué sigue y qué significa cada etapa procesal. En términos humanos, esa claridad reducirá incertidumbre. Reducirá ansiedad. No será un detalle menor: en el conflicto con el Estado, la confusión procesal es una forma de desgaste y de rompimiento.
Para la autoridad demandada, la IA podrá ayudar en algo que al Estado le cuesta a veces aprender. Si el sistema detecta patrones —actos que se nulifican siempre por la misma insuficiente fundamentación o motivación— se podrá corregir desde origen del problema. La IA ayudará a que los actos de autoridad se emitan siempre cumpliendo impecablemente con los requisitos de forma, sino también acordes a los criterios de la jurisdicción y a la jurisprudencia aplicable. Y también podrá incentivar una cultura de corrección temprana: cuando el expediente muestre que un acto es indefendible, el sistema podrá sugerir la ruta institucional más razonable (revocar el acto, modificarlo, allanarse cuando proceda, ir a un MASC). No por comodidad, sino por racionalidad pública.
En el tribunal, el impacto será de proporciones enormes: menos tiempo en captura manual, menos búsqueda de anexos, menos reposición de autos, menos incidentes de nulidad de notificaciones, etc. Oficiales, actuarios, archivistas, secretarios de acuerdos, proyectistas y magistrados ganarán algo que hoy vale más que el discurso: orden, trazabilidad y reducción de tareas mecánicas que agotan y generan errores.
Al final, el argumento de fondo será lo que prevalezca. La Constitución exige justicia pronta, completa e imparcial, y el enfoque de derechos humanos exige que el procedimiento no se convierta en una trampa. La IA, con supervisión humana real, no creará una justicia distinta en términos abstractos, sino que permitirá una justicia más fuerte en términos reales. Y en estos tiempos de desconfianza pública, volver verificable el proceso y disminuir el margen de errores evitables. no será una moda tecnológica: será una forma concreta de dignidad procesal.
La IA no vendrá a dictar sentencias sustituyendo a las personas juzgadoras; vendrá a cerrar las grietas por donde hoy se escapa la verdadera justicia.

