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¿Horizontes no violentocéntricos en la lucha por mujeres, niñas y adolescentes?

LA BATALLA POR UN RESPETO ABSOLUTO A LA INTEGRIDAD DE LAS MUJERES HA SIDO UNA CONSTANTE DE LAS OLAS FEMINISTAS, ENFRENTÁNDOSE A UN RÉGIMEN PREPONDERANTEMENTE MACHISTA

Por: Abigail Villalpando Gutiérrez

Existe una creciente preocupación por dotar de herramientas a mujeres, niñas y adolescentes para identificar y accionar frente a los distintos tipos y modalidades de violencias, en cualquier momento vital: sexual, psicológica, simbólica, patrimonial, laboral, política, etc. Jurídicamente, esto se ha traducido en la exigencia por el acceso a vidas libres de violencia y discriminación. La violencia es apremiante, sin duda, y el acompañamiento feminista sabe de primera mano que faltan muchos recursos institucionales para atender todos los casos. Ante esta desproporción, ¿podemos pensar en horizontes no centrados en la violencia? Así como fue necesario que los feminismos descentraran al hombre -como posición masculina-de la lucha por la igualdad, quizá es necesario descentrar a la violencia como horizonte.

El movimiento feminista ha sido clave para contrarrestar el legado de desigualdad e injusticias producidas por las distintas formas de dominación masculina y patriarcal, que además de seguir siendo eficientes, siempre se renuevan -explica Rochefort-. Las “olas feministas”, siguiendo a Andrea Delgado, permiten identificar sus aportaciones en el reconocimiento de derechos. Sucintamente: la primera luchó por la igualdad de las mujeres y su inclusión en ámbito público; la segunda luchó por la igualdad plena, develando que las relaciones de poder ocurren también en el ámbito doméstico (“lo personal es político”, Millet) y sostuvo que la explotación económica y sexual de las mujeres es la raíz de sus opresiones; la tercera visibilizó distintos factores de opresión, además del género: la raza, la clase, la edad, etc. Desde entonces, la lucha colectiva de las mujeres también se ha dado desde sus realidades y experiencias situadas, por lo que una aportación primordial fue la interseccionalidad.

La base teórica de la actual cuarta ola es, según Delgado, la lucha contra las diversas formas de violencia que, gracias a las tecnologías de la comunicación e información, han adquirido mayor difusión y legitimidad. Víctimas y activistas recurren a los derechos humanos para plantear sus reclamos y universalizar estándares de justicia. En este sistema cultural de la modernidad trasnacional (Sally Engle Merry), se ha instituido la obligación de los Estados de garantizar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, debiendo: prevenirla, atenderla, sancionarla y erradicarla; garantizar el goce y ejercicio de sus derechos humanos y fortalecer el régimen democrático. A pesar de esto, los esfuerzos institucionales se han centrado en atender (investigar) y sancionar las violencias, más que a efectivamente prevenirlas y erradicarlas.

México estableció un mecanismo interinstitucional para coordinar esfuerzos, instrumentos, políticas, servicios y acciones en la materia: el Sistema Nacional de Prevención, Atención, Sanción y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres. Si bien representa un avance, el derecho penal sigue concentrando las exigencias y actuación frente a las violencias; quizá por la estrecha relación emoción-derecho de esta rama, considerada como una política de gestión del sufrimiento (Madrid). Las emociones sociales definen y legitiman la definición y ejecución de los delitos que, en tanto construcción social, reflejan los valores y lo que la conciencia social considera intolerable. Una de sus grandes limitaciones, no obstante, es que individualiza las violencias en casos, mientras que la erradicación de la(s) violencia(s) requiere atenderlas en su justa dimensión: sistémica y estructural.

De cara a la creciente reacción patriarcal que busca naturalizar y normalizar los roles, estereotipos y violencias de género, y suprimir el modelo democrático, por considerarlo contrario a la libertad individual, resulta importante para el activismo (jurídico) feminista repensar e imaginar horizontes no sólo de lucha, sino de goce ,disfrute y derechos. En medio de este contexto regresivo, desde un activismo gozoso (Federici) ¿podemos imaginar vidas que no se agoten resistiendo formas renovadas de ofensiva patriarcal?

Artículo publicado en el marco del convenio de colaboración celebrado entre el Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe) y el Heraldo Media Group

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