Libertad de expresión y veracidad en la opinión de Jorge Carpizo
A 14 AÑOS DE SU PARTIDA, LAS REFLEXIONES ACERCA DE SU LEGADO GIRAN EN TORNO A LA DEFENSA QUE TUVO DE LOS DERECHOS HUMANOS Y LA HUELLA QUE DEJÓ EN LOS ÁMBITOS JURISTA, ACADÉMICO Y POLÍTICO
Por: Luis Raúl González Pérez
En un contexto como el actual, en que el desarrollo de los acontecimientos vinculados a las múltiples problemáticas que se enfrentan, tanto a nivel internacional como nacional, propician que constantemente se generen grandes cúmulos de información, la necesidad de que las personas cuenten con información veraz, oportuna y objetiva adquiere mayor relevancia. El que la libertad de expresión y el acceso a la información contribuyan de manera efectiva a consolidar un régimen democrático en donde los derechos humanos puedan estar vigentes, depende en muy buena medida de que no se propague información no veraz que confunda y engañe a la sociedad, la cual puede ser el punto de partida para promover conductas que son contrarias a la dignidad de las personas, como lo son los discursos de odio y polarizantes.
Aun cuando la importancia de prevenir y enfrentar estas conductas es muy grande, lo cierto es que en el terreno de los hechos, las mismas se han empezado a normalizar, ocasionando que día con día crezca nuestra tolerancia e, incluso, indiferencia hacia ellas, al asumir que es más relevante proteger la libertad de expresión que preocuparnos por el tipo y calidad de la información que se difunde y publica, lo cual supondría la existencia de un conflicto de derechos en el que se da primacía a la libertad de expresión por encima de cualquier otra consideración.
Frente a estos supuestos, vale la pena recordar las reflexiones que sobre el tema de libertad de expresión llegó a hacer uno de los mexicanos que con mayor profundidad y agudeza abordó el estudio de los derechos humanos, quien además adoptó un compromiso de vida para su defensa y lucha por su vigencia. Me refiero a Jorge Carpizo, de quien el pasado 30 de marzo conmemoramos 14 años de su inesperada partida, y cuyo pensamiento y obra sigue conservando su vigencia y utilidad con el paso del tiempo.
Al tomar como punto de partida el que los derechos humanos tienen como finalidad proteger y hacer efectiva la dignidad humana, Jorge Carpizo afirmaba que entre los mismos no podían presentarse enfrentamientos o conflictos, sino que debía existir armonía y compatibilidad, tarea que se tenía que concretar en la Constitución, instrumentos internacionales, leyes, jurisprudencias e, inclusive, en las doctrinas o investigación académica, con sustento en el hecho de que el respeto y la vigencia de los derechos humanos de todas las personas llevaba implícito el que los mismos no podían considerarse como absolutos y que, tal y como lo reconoció el artículo 32.2 de la Convención Americana de Derechos Humanos, los derechos de cada persona están limitados por los derechos de los demás, por la seguridad de todos y por las justas exigencias del bien común en una sociedad democrática.
Pretender que un derecho tiene mayor jerarquía que otro, en su opinión, era una deficiente concepción de la dignidad humana, al igual que suponer que los derechos de una persona eran más relevantes que los derechos de todos los demás. Para el doctor Carpizo: “los derechos y libertades son para todos y de todos, para y de cada ser humano”.
De este modo, asumir que debe ser aceptado que, bajo el argumento de un ejercicio pleno de la libertad de expresión, es válido que una persona, organización, institución o, inclusive, un Estado, difunda información carente de veracidad, con pleno conocimiento de tal hecho y de manera intencional, es algo que claramente no puede tolerarse ni admitirse, pues implica no solamente una deficiente concepción de la dignidad humana, sino también un acto que llevaría implícito el menoscabo o sacrificio de los derechos de las demás personas, debido a que las consecuencias de difundir esa información falsa van desde crear confusión o engañar a la opinión pública, prevenir la toma informada de decisiones o propiciar conductas ilícitas, como podrían ser hechos de violencia, que si las personas hubiesen contado con información completa, objetiva y verificable no se hubiesen presentado.
Publicar dolosamente hechos y datos falsos no implica informar a las personas, sino más bien desinformarlas, buscando mediante el engaño orientar su conducta a la consecución de objetivos de muy variada índole, como los económicos, los políticos o los ideológicos, violando con ello sus derechos y previniendo que actúen de manera libre, responsable e informada, lo cual implica desconocer en buena medida su dignidad.
Su defensa de la veracidad era parte integral del compromiso que siempre tuvo con la libertad de expresión y el debido ejercicio del periodismo. Para Jorge Carpizo, los medios de comunicación masiva jugaban un papel determinante en la construcción de una opinión pública que se reflejara en un debate de los asuntos públicos vigoroso, intenso, plural e informado, debido a que proporcionaban a las personas y al público información y elementos para construir, ponderar y formar sus opiniones; de ahí la gran relevancia que daba a lo que denominaba como la labor social de los comunicadores, quienes consideraba que, si bien hacían preponderantemente uso de la libertad de expresión, también tenían el deber y la responsabilidad de ejercitar dicha libertad de manera ética y profesional, en aras del interés de la colectividad.
De este modo, consideraba que la información que ofrecían los periodistas, debía dejar de lado cuestiones tales como la especulación, la opacidad, las verdades a medias, los mensajes cifrados o las ocurrencias, pues el debate público se vería afectado y tendería a degradarse si se deja de lado la veracidad y el reporte objetivo de los hechos.
Para el doctor Carpizo, la libertad de expresión es un derecho que se tiene que proteger y fomentar, pero cuyo ejercicio tiene que estar sujeto a la responsabilidad ética y el respeto a los demás derechos humanos. Para quien fue el fundador de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, era indudable que los medios de comunicación masiva tienen un gran compromiso y responsabilidad frente a la sociedad, pues si bien, por una parte, contribuyen en buena medida a fijar las maneras de pensamiento de la sociedad, así como a establecer la agenda de los asuntos políticos, sociales y económicos de interés general, también pueden crear o destruir la reputación de una organización, persona o grupo de personas.
Los medios, en su opinión, con frecuencia se erigen como intermediarios entre la sociedad y el poder político, por lo que su actuación debe tener una dimensión ética, sustentada en el respeto de los derechos humanos, lo cual implica, entre otras cosas, que la información que manejen no se considere como una simple mercancía que hay que vender sin importar la objetividad y sin importar que aquélla se refiere a un elemento esencial a la persona humana.
Para él, la democracia moderna no podía concebirse sin medios masivos de comunicación libres e independientes que convivan con otros poderes y contribuyan a los pesos y contrapesos que deben existir entre ellos; es decir, ubicaba al periodismo y a los medios de comunicación como pilares de la estructura y vida democrática de los países.
Actualmente nuestro país enfrenta múltiples retos y desafíos, tanto a nivel interno como externo, que hacen necesario que se consolide una opinión y debate público con base en el cual se reflexione y determinen los mejores cursos de actuación para la atención de los grandes problemas nacionales.
Volver la mirada a la obra de uno de los juristas, académicos y servidores públicos más ilustres que tuvo México en la segunda mitad del siglo XX y principios del siglo XXI nos permite recuperar una perspectiva sobre la vida pública en nuestro país que siempre estuvo centrada en el reconocimiento de la dignidad de las personas, el respeto de la legalidad y la vigencia de todos los derechos humanos.
Jorge Carpizo fue un ejemplo de coherencia e integridad en la búsqueda de un país donde se cumpliera el ideal de que todos los derechos fueran accesibles y vigentes para todas las personas, y en donde la cultura cívica de la democracia, así como el respeto irrestricto a la legalidad, fueran la base de nuestra existencia cotidiana.
A 14 años de su partida, quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, lo seguimos extrañando, y es indudable que a México le hace falta.
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El pasado 30 de marzo conmemoramos 14 años de la inesperada partida de Jorge Carpizo, cuyo pensamiento y obra siguen conservando vigencia y utilidad con el paso del tiempo.
El doctor Carpizo decía que la libertad de expresión es un derecho que se tiene que proteger y fomentar, cuyo ejercicio está sujeto a la responsabilidad ética y el respeto a los demás derechos humanos.
Jorge Carpizo
“Los derechos y libertades son para todos y de todos, para y de cada ser humano”

