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Mobbing y violencia de género

Por: Dra. Ilian Yasel Iradiel Villanueva Pérez.

Estas líneas constituyen una reflexión sobre un hecho social poco visibilizado, encubierto, confundido, pero muy dañino. El término mobbimg no tiene una traducción sencilla del inglés a nuestro idioma, pero se acepta el entender por ello, agolparse, asediar o abalanzarse sobre alguien o algo en grupo.  

Esa descripción lingüística aplicada en el ejercicio laboral posee un origen… digamos, curioso… a partir de los estudios etológicos que luego se tomaron en el ámbito de la psiquiatría por Heinz Leymann, desde la década de los ochentas del siglo pasado. 

El concepto describe situaciones, a veces sutiles (o encubiertas bajo el ejercicio de supuestos derechos) de hostilidad laboral que se caracteriza por un ataque grupal en contra de una persona específica que, en el caso de las mujeres, genera una intersección de mayor complejidad, pues no se limita a aquellos escenarios relativos a las relaciones de subordinación cuyos estudios y documentación científica se elevan en número y bajo las cuales, las personas pueden sufrir acoso; sino que describe, también, un ámbito de mayor complejidad y menor visibilización denominado deslegitimación de la autoridad femenina por resistencia o acoso laboral ascendente.

Este hecho social -como cualquier violencia que constituye justo eso- se caracteriza porque un grupo de personas, de igual o inferior jerarquía, deslegitima a una mujer en puesto de mando o de toma de decisiones. El cuestionamiento puede dirigirse a la legitimidad del liderazgo de la mujer, debido a que su posición la “debe” a “los favores o la protección de un hombre”; se cuestiona su capacidad para ocuparlo o bien, en el supuesto ya dicho sobre su legitimidad, no se inquiere de forma válida su competencia técnica, sino la “justificación” de que “esa mujer” tome decisiones, en la medida en la que con ello desplaza a “otros” (masculino)  con “mayor merecimiento”.

Lo complejo de esta realidad surge porque se “elige” a quien que será el blanco del ataque: mujer con liderazgo; en donde el grupo atacador se conforma tanto por hombres como mujeres que niegan la trayectoria de otras, debido a esquemas culturales de hondas raíces patriarcales que involucran, entre otras, la rivalidad, la competencia, la negación del talento ajeno, el odio, la misoginia o, como algunos estudios apuntan, la envidia y que califica la firmeza que acompaña la figura de mando, como “histeria”, “prepotencia”, “autoritarismo”.  

No sólo ello, los estudios desarrollados sobre el tema revelaron que en la mayoría de los casos de deslegitimación de la autoridad femenina por resistencia o acoso laboral ascendente, se cuenta con “autores intelectuales” (me decanto por ese término por la facilidad de su comprensión)  que organizan el ataque y poseen el por qué ha de ser contra “esa mujer”.  También han concluido que esta clase de violencia requiere: ser pensada, tiempo, cierta secrecía para disimular su ejercicio encubierto, incluso, bajo narrativas de supuestos derechos; lo que convierte el contexto en uno de superlativa complejidad, pero no de imposible identificación. 

Las formas para hacerlo consiste en analizar:  la existencia de un grupo, la organización atribuida a “alguien”, el uso de microviolencias o boicot pasivo-agresivo como la murmuración, la calumnia, la documentación y exacerbación de lo que el grupo o autor intelectual estima como “errores” o “injerencias indebidas”, todo  durante un lapso más o menos prolongado; la negación de su autoridad, la intervención en la vida privada de la mujer acosada -de forma ascendente-  a través de la exageración de sus historias de amor, relaciones de pareja, relaciones familiares, amistosas, etcétera; la crítica a su aspecto físico o arreglo personal y el desprestigio de la mujer, de su trayectoria y de sus aportes laborales; los estudios también destacan el uso de las redes sociales como medios para el ataque, por lo general con usuarios anónimos, para sostener la secrecía pactada y el uso de medios de comunicación para perpetuar el desprestigio. 

En resumen, este tipo de acoso consiste, en gran medida, en un proceso de tormento psicológico, que cuestiona a la mujer “elegida” con liderazgo, por el hecho de tenerlo y procura su desautorización y lejanía de la fuente laboral. Lo más revelador y preocupante, consiste en que puede existir patrones de acoso ascendente en perjuicio de mujeres en puestos de mando o de toma de decisiones, debido a que, el punto de ataque consiste en la legitimidad de la mujer en su posición de mando; por lo que la conducta hostil desarrollada contra una, tiende a reproducirse contra otra.    

Como se observa, la violencia contra las mujeres se diversifica, refina y ocupa todos los ámbitos de su vida; aquéllas con liderazgo son blanco de ataques directos o encubiertos, cuyo objetivo es su desprestigio o destrucción y el desconocimiento de su aporte a la vida laboral, económica, productiva, social o institucional del país.

Encuentro más motivos para clarificar la razón de “ser” del 8 de marzo y del 25 de noviembre. 

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