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La fuerza del Estado

Por: Victor Hugo González

Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, fundador y líder máximo del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), fue abatido el domingo 22 de febrero.

Los hechos no son menores, confirman la estrategia del Gobierno Federal basada en el combate de los grupos de la delincuencia organizada y, evidencian la influencia del CJNG (y de otras agrupaciones criminales) a lo largo y ancho del país.

Es claro, entonces, el contexto de confrontación entre el Estado y los grupos de delincuencia organizada, que se deriva de la acción del combate contra éstos, por parte del Gobierno Federal, encabezado por la Presidenta Claudia Sheinbaum.

Ingenuo es pensar que en una sociedad contemporánea no exista delincuencia, la aspiración es entonces que la delincuencia organizada no sea más fuerte que el Estado.

Para garantizar la seguridad, el desarrollo, la justicia y la paz, el Estado debe estar por encima de cualquier grupo delincuencial; la sociedad civil, a través de la democracia, debe vencer a los criminales.

La fortaleza del Estado radica en que representa la unidad nacional, el pacto social.

El Estado cuenta con los recursos financieros, humanos, armamentistas y, desde luego, ideológicos, superiores a los de la delincuencia. Su principal insumo ideológico es el bien común.

A través de la ideología, el Estado y los criminales se disputan la legitimidad de su causa. La ideología al menos constituye la doctrina, el conocimiento, para ejercer una influencia en la conducta ajena e inducir el comportamiento del grupo para actuar de una forma en lugar de otra, como sostiene Bobbio.

La delincuencia carece de escrúpulos en su actuación. Persuade u obliga a los jóvenes o a las personas de mayor marginalidad, bajo la promesa de una vida mejor, para enrolarse con ellos; lo que resulta atractivo en sociedades capitalistas, donde todo tiene precio (incluyendo la vida). Ofrecen dinero, respeto y poder. Ejercen rígidas reglas orgánicas y disciplinarias, y utilizan la corrupción como eje para su impunidad. Se apoderan de los espacios públicos y, recientemente, a través del terror, se imponen frente a la sociedad civil.

El combate en contra de dichas agrupaciones debe continuar siendo firme, sin titubeos, sin regatear un ápice de acción. Se debe perseguir y minar sus recursos financieros, deben sacarse de las calles las armas y, llevar a juicio a las personas que los integran.

Con el paso del tiempo, se debe ganar el mensaje ideológico. Debe permear la idea (en la realidad) de que es mejor hacer el bien que el mal. Debemos despreocuparnos por la apología del delito y concentrarnos en que las personas estén seguras, tengan posibilidades de desarrollo, se reduzca la corrupción y se elimine la impunidad.

El Estado debe finalizar lo que ha comenzado: hacer uso de los recursos financieros, humanos, armamentistas e ideológicos, al tiempo que la sociedad civil asuma su responsabilidad histórica y a través de la educación, la organización y la acción, sea protagonista de su destino.

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