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Justicia en evolución

Por: Fernando Díaz Juárez, Magistrado Presidente del Órgano de Administración del Poder Judicial del Estado de México/@Fernandodiazjmx

Este artículo explora la transformación del sistema financiero, los riesgos de la exclusión y la necesidad de garantizar el acceso equitativoa servicios bancarios

El futuro de los sistemas económicos y el derecho a la inclusión financiera

En distintos foros de opinión, marcadamente en los últimos años, hemos conocido la predicción de que el dinero tal y como lo conocemos, en algún momento va a desaparecer.

Nos encontramos frente a la mayor transformación financiera de la historia, y aunque de manera recurrente escuchemos de criptomonedas, aplicaciones y pagos con sistemas biométricos, detrás del avance tecnológico prevalece una pregunta elemental: ¿Qué pasará con quienes no logren conectarse? La respuesta, no es sólo cuestión de modernidad, sino de dignidad humana.

Vale la pena recordar que el derecho a la inclusión financiera, se orienta a garantizar un acceso equitativo a productos que empleamos todos los días, tales como cuentas bancarias, seguros y créditos, partiendo de que la derrama de los sistemas financieros contribuye a la reducción de la pobreza, de la desigualdad de género y al crecimiento económico. Mención particular en este acceso equitativo, amerita la educación financiera que nos instruye —incluso desde la infancia— a mejorar la gestión del dinero.

Esta transición, desde una perspectiva de derechos, debe observarse con cautela. La inclusión financiera se ha convertido en “llave de paso” para ejercer otros derechos. Sin una cuenta o identidad digital, resulta desafiante recibir apoyo de parte del Estado, pagar servicios o emprender un negocio. En palabras del economista y Nobel Amartya Sen, la pobreza no es sólo falta de dinero, sino la privación de capacidades básicas. Ubicarse fuera del sistema financiero hoy es, en la práctica, una nueva forma de invisibilidad que condena a los más vulnerables a permanecer al margen del desarrollo.

En naciones como Kenia, por ejemplo, el sistema llamado M-Pesa demostró que el celular puede ser el medio por excelencia para masificar el acceso a los servicios bancarios, en tanto que distintos países de Europa han avanzado en reconocer el Derecho a una cuenta de pago básica, partiendo del supuesto de que sin acceso a un banco, no puede ejercerse la ciudadanía de forma plena.

El reto hacia el futuro es todavía mayor, dada la llegada de las monedas digitales de bancos centrales (CBDC). China ya se reporta en fase avanzada con el yuan digital, sistema que promete eficiencia total, pero que plantea dilemas éticos tomando en cuenta que con la desaparición del dinero, se desvanece también el anonimato de compras y movimientos cotidianos.

Diversos especialistas han advertido que la digitalización financiera no puede ser un proceso guiado únicamente por el mercado. Si el futuro del dinero será virtual, el Estado tiene la obligación de garantizar que el internet y la alfabetización digital sean servicios públicos universales.

En suma, el futuro del sistema financiero no debe medirse por la velocidad de sus transacciones, sino por su capacidad de no dejar a nadie atrás.

Si el futuro del dinero será virtual, el Estado tiene la obligación de garantizar que el internet y la alfabetización digital sean servicios públicos universales

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