Herencia viva: nuevas voces que honran a sus gigantes y transforman la nación
Por Belem Bolaños Martínez, Doctora en Derecho, Secretaria General del Colegio de Profesoras y Profesores de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la UNAM y Juzgadora en la Ciudad de México.
En el vibrante corazón de Ciudad Universitaria, este martes 17 de marzo de 2026, la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México escribirá un nuevo capítulo de su historia. Una nueva cohorte de doctoras y doctores en Derecho se incorporará al Claustro de Doctores: una comunidad intelectual que, desde su origen en la Real y Pontificia Universidad de México en 1551, ha sido brújula jurídica de México.
En un país que atraviesa reformas profundas y enfrenta desafíos globales complejos, esta incorporación no es un acto protocolario más. Es la continuidad de un legado que ha dado forma a nuestra nación y la suma de nuevas voces a las de sus antecesores que redactaron constituciones, defendieron la autonomía universitaria y combatieron desigualdades estructurales.
Hoy, cuando México enfrenta retos como la violencia estructural, la degradación ambiental y las brechas sociales persistentes, estos nuevos integrantes llegan para reforzar esa misión histórica. Se suman a una genealogía de gigantes que dedicaron su vida a mejorar el país y a dignificar el derecho como herramienta de transformación social.
El Claustro de Doctores nunca ha sido un club cerrado, sino público, autónomo y comprometido. Aquí, Ignacio Ramírez “El Nigromante” desafió al dogma con su pluma; aquí, Justo Sierra soñó con una universidad para el pueblo; por esta razón, al incorporarnos al Claustro, sentimos el peso glorioso de esa herencia, pero también la certeza de no caminar solos. Basta evocar a quienes allanaron este sendero: Héctor Fix-Zamudio, impulsor del ombudsman y de las defensorías de derechos humanos; Mario de la Cueva, arquitecto de la equidad laboral; Ignacio Burgoa Orihuela, referente del amparo y del constitucionalismo, férreo defensor de la autonomía universitaria. A ellos se suman Sergio García Ramírez, con su visión de justicia transnacional; Diego Valadés, influyente en el pensamiento federalista y la gobernanza democrática; así como Jorge Carpizo McGregor y Rolando Tamayo y Salmorán, promotores de la pluralidad y el humanismo jurídico. Estos nombres no son reliquias del pasado: son voces vivas que hoy se honran y se amplifican.
En 2026, destaca de manera especial el papel protagónico de las nuevas doctoras en Derecho. Su presencia encarna el empoderamiento femenino en una facultad históricamente masculina. Ellas impulsan seminarios de equidad de género, talleres para cerrar brechas sociales y foros sobre sostenibilidad ambiental; integran juventudes, metodologías multidisciplinarias –en aulas rebosantes de diversidad- se convierten en mentoras que afirman con convicción: tú origen no es obstáculo, es fuerza para transformar.
Hoy, nuestro ingreso al Claustro Doctoral no ocurre como excepción, sino como expresión del futuro inclusivo del derecho en la UNAM. Aquí, el derecho no solo se enseña: se vive con empatía colectiva. En un país en transformación, el liderazgo de las mujeres resulta crucial para construir equidad y paz.
Este martes celebremos, entonces, una renovación profunda, empoderadora de mujeres y hombres. El ingreso de nuevas voces al Claustro de Doctores de la Facultad de Derecho de la UNAM encarna el ethos de la universidad nacional: educación pública, gratuita y de calidad como auténtico ascensor social. La Universidad nos brindó oportunidades; hoy honramos a nuestras maestras y maestros, y asumimos su legado de lucha y humanismo.
Gratitud profunda a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, forjadora de mentes que han moldeado no solo leyes, sino destinos. Hoy nos incorporamos a este claustro ilustre no como extraños, sino como herederos de una tradición que apuesta por un futuro donde la justicia no sea privilegio, sino derecho universal. Por mi raza hablará el espíritu.

