¿Cuáles son las 3 dimensiones del derecho al cuidado? Esto dice la Corte
Cuidar de alguien puede ocupar buena parte del día, desde preparar sus alimentos, acompañarlo al médico o estar pendiente de lo que necesita. Pero, ¿qué espacio queda para quien brinda esa atención?
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) analizó qué comprende el derecho al cuidado y cómo se relaciona con la vida en los hogares. Aquí en el sitio “El Mundo del Derecho” te explicamos los detalles.
¿Cuáles son las tres dimensiones del derecho al cuidado?
De acuerdo con la Corte Interamericana de Derechos Humanos, se reconoce el cuidado como un derecho humano autónomo al estar protegido por la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Para ello, la SCJN indicó que este derecho abarca tres dimensiones:
- Ser cuidado: recibir los apoyos necesarios para vivir con dignidad, según las necesidades de cada persona.
- Cuidar: atender a otras personas en condiciones dignas, sin que esa tarea implique sacrificar de forma desproporcionada otros derechos.
- Autocuidado: disponer de tiempo, recursos y condiciones para atender las necesidades y el bienestar propios.
“El cuidado es una actividad indispensable para sostener la vida, la dignidad y el ejercicio de otros derechos”, añadió la SCJN.
¿Quién cuida a las personas que cuidan?
Aquella persona que atiende a un familiar o alguna otra persona también necesita tiempo y condiciones para procurar su propio bienestar. Por eso, el derecho al cuidado comprende tanto a quien recibe ayuda como a quien la proporciona.
“El derecho al cuidado reconoce las necesidades de quienes reciben cuidados y los derechos de quienes los brindan”, indicó la Corte.
Es decir, el autocuidado forma parte del mismo derecho. Atender a alguien más debe ser compatible con las necesidades propias y con el ejercicio de otros derechos.
¿Por qué importa cómo se reparten los cuidados?
La SCJN también advirtió que las mujeres han asumido gran parte de estas labores de cuidado sin remuneración. Se trata de una responsabilidad que afecta su economía, tiempo libre y oportunidades de desarrollo.
Por ello, es importante compartir las responsabilidades, al estar considerando la igualdad y la no discriminación.
En conclusión: en los hogares es necesario promover dos necesidades, que una persona reciba la atención que requiere y que quien la brinda también pueda cuidar de sí misma.

