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Un año de reforma judicial

Por: Victor Hugo González Rodríguez 

Ha transcurrido un año desde aquel 1 de septiembre de 2025, fecha en que asumieron el cargo las personas juzgadoras que obtuvieron más votos en la primera elección del Poder Judicial.

Esta elección judicial sustituyó constitucionalmente el modelo político y de concurso que caracterizó a la selección de juzgadores antes de 2025.

Es demasiado pronto para llevar a cabo una evaluación integral de la reforma, principalmente porque el legislador ordenó que su implementación se realizara de manera gradual.

En el Poder Judicial Federal aún debe someterse a elección la mitad de los cargos de personas juzgadoras. En la Ciudad de México resta el 75 por ciento de las judicaturas y cerca de la mitad de las magistraturas, mientras que en estados como Jalisco se renovará la totalidad del Poder Judicial.

La implementación ha estado acompañada de claroscuros: una Corte con menos integrantes y la idea —no siempre materializada— de erradicar privilegios y optimizar los recursos públicos.

Asimismo, destaca la división de tareas de los Consejos de la Judicatura en Órganos de Administración Judicial y Tribunales de Disciplina Judicial. Los primeros administran los recursos para garantizar la gobernabilidad de la institución, mientras que los segundos se encargan de evaluar y revisar la conducta de las personas juzgadoras.

Aunque originalmente la reforma judicial finalizaría su implementación en los comicios de 2027, un artículo transitorio aprobado este año ordenó recorrer la elección hacia el 2028.

Toda transformación constituye un reto, principalmente cuando se trata de temas de seguridad o de justicia. En estos casos, la sociedad no necesita ni merece curvas de aprendizaje o dinámicas de “ensayo y error”; requiere que el Estado la dote de una administración e impartición de justicia de calidad. Una justicia que responda a la necesidad de dilucidar controversias con apego a la ley, equidad, celeridad y respeto a los derechos humanos, sin que los tiranos tengan el éxito garantizado.

Las hojas del calendario han dejado atrás 365 días. Que cada uno de ellos sea un caudal de aprendizaje para repensar la reforma o para que, llegado el momento de su implementación total, no fracasemos.

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