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El uso del tiempo también exige justicia

Por: Dra. Magda Zulema Mosri Gutiérrez

La igualdad entre mujeres y hombres es, hoy en día, un principio reconocido en la Constitución, en las políticas públicas y en el lenguaje institucional. Sin embargo, para millones de mujeres en México, ese reconocimiento aún no llega a la vida cotidiana.

El desafío no está en el diagnóstico, pues sabemos dónde están las brechas y qué las provoca. Tampoco está en la ausencia de normas, pues nuestro país ha construido un amplio marco jurídico para promover la igualdad sustantiva. El reto está en transformar las condiciones que la hacen posible.

Las cifras lo muestran con claridad. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo del INEGI, las mujeres realizan el 73% del trabajo de cuidados en el país. Son horas que no generan ingresos ni derechos, pero que sostienen la vida diaria y el funcionamiento de la economía.

Esta distribución desigual del tiempo limita el acceso de las mujeres al trabaj, reduce sus ingresos y condiciona sus oportunidades de desarrollo. Mientras el trabajo de cuidados siga recayendo de manera desproporcionada en ellas, la desigualdad seguirá reproduciéndose.

Por eso, avanzar hacia la igualdad implica ir más allá de las leyes. Requiere reconocer el valor del cuidado, redistribuirlo y generar condiciones para que todas las personas puedan ejercer sus derechos en igualdad de circunstancias.

Cerrar esta brecha no es solo una meta social. Es una condición para construir un país más justo, donde la igualdad deje de ser un principio en el papel y se convierta en una experiencia cotidiana.

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