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La voz de las penalistas

Por Belem Bolaños Martínez, catedrática de la Facultad de Derecho UNAM y juzgadora en CDMX

En un mundo que aún mide la valía femenina con el rasero de la obediencia, el recato, la oportunidad de la denuncia y la pureza corporal, este 10 de marzo se detiene para conmemorar el Día Internacional de la Mujer en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ahí resuena con fuerza una voz que no pide permiso: la voz de las penalistas.

El Derecho Penal nació masculino. Históricamente ha clasificado, estigmatizado e invisibilizado a las mujeres. En ese contexto, es inevitable mirar los hechos violentos acontecidos recientemente en México. A pesar de los esfuerzos institucionales, la delincuencia organizada no cede terreno: en diversas entidades federativas, este 2026, se registraron bloqueos carreteros, quema de inmuebles y vehículos, homicidios y otras manifestaciones de violencia extrema.

Estos hechos no son aislados. Exigen investigaciones penales de alto calado, reconfiguraciones del mapa criminal, atomización del poder delictivo y una competencia feroz por rutas y mercados ilícitos como la piratería, los hidrocarburos, las armas, las drogas y, lamentablemente, las personas.

Delitos que nos obligan a reflexionar profundamente sobre el futuro del Derecho Penal y sobre el papel que las mujeres debemos asumir en él. Porque ser penalista implica mucho más que dominar estructuras dogmáticas o memorizar leyes y normas. Implica estar preparadas para tomar decisiones en el corazón de operaciones complejas, aportando conocimiento especializado en armas, tecnología, estrategias de inteligencia y análisis criminológico frente al narcotráfico y la delincuencia organizada.

Hoy tenemos la oportunidad -y la obligación- de transformar el Derecho Penal desde dentro. Sin embargo, este cambio no será automático. Junto a los delitos más graves, las mujeres enfrentan los retos estructurales de siempre: el techo de cristal, el acoso laboral, la carga de los cuidados, la brecha salarial y nuevas formas de violencia que el Derecho Penal apenas comienza a nombrar, como la violencia digital o la violencia vicaria. Son violencias que no dejan moretones visibles, pero sí heridas profundas en la dignidad, en la salud mental y en la libertad de las mujeres.

Frente a esta realidad, las penalistas no solo defendemos en audiencia. Defendemos en internet, en las calles y en cualquier espacio donde exista desigualdad. Asimismo, construimos redes de sororidad que antes parecían impensables: la resistencia colectiva.

No basta con ser más mujeres abogadas. Necesitamos ser mejores, más visibles y más unidas, porque si las penalistas no estamos en los espacios donde se pacta y se decide quién va a prisión, quién recibe una medida de protección efectiva o quién accede a la justicia restaurativa, seguiremos siendo sujetas pasivas de la ley y no constructoras activas de ella.

Desde la Facultad de Derecho de la UNAM -cuna del pensamiento crítico y de la defensa de las libertades- afirmamos que el conocimiento es poder. Porque solo quien conoce puede resistir y, más importante aún, quien tiene conocimiento puede transformar. Solo así las mujeres penalistas ocuparán los espacios que les corresponden, por mérito y por derecho. Las penalistas rompen el pacto de silencio. Alzan la voz. Son la voz de quienes no tienen voz y hacen justicia.

Secretaria General del Colegio de Profesoras y Profesores de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la UNAM

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