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¿Se puede levantar una demanda por infidelidad? Esto supone la ley 

Descubrir una infidelidad puede detonar enojo, decepción y, en muchos casos, una pregunta inmediata: ¿puedo demandar legalmente a mi pareja por lo que hizo? 

En conversaciones cotidianas suele asumirse que la ley “castiga” la infidelidad, pero el marco jurídico mexicano dice otra cosa. Aquí en el sitio “El Mundo del Derecho” te explicamos los detalles al respecto. 

La infidelidad no es delito ni genera una demanda automática

La infidelidad no es un delito ni constituye, por sí sola, un hecho ilícito que permita exigir una indemnización por daño moral. La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha sostenido que, dentro del matrimonio, las personas conservan derechos fundamentales como la libertad sexual y el libre desarrollo de la personalidad.

En criterios del Máximo Tribunal se ha establecido que el incumplimiento del deber de fidelidad no basta para generar responsabilidad civil, por lo que no procede una demanda únicamente por haber sido infiel.

¿Qué efectos legales sí puede tener una infidelidad? 

Aunque no existe una “demanda por infidelidad”, esta situación sí puede influir indirectamente en otros procesos legales, sobre todo en materia familiar:

• Divorcio: En México no es necesario acreditar una causa para divorciarse; la infidelidad puede ser el motivo personal de la ruptura, pero no tiene que probarse ante el juez.

• Custodia y pensión alimenticia: Las decisiones se toman con base en el interés superior de hijas e hijos, no en la conducta sentimental de los padres.

• Bienes: La repartición del patrimonio depende del régimen matrimonial, no de si hubo o no infidelidad.

¿Se puede demandar a la tercera persona?

El derecho mexicano no permite demandar a la persona con la que se cometió la infidelidad por el solo hecho de la relación. No existe en la ley una figura que sancione a terceros por “romper” una relación afectiva.

Solo habría una posible acción legal si se acreditara otro tipo de daño distinto, como fraude o afectaciones patrimoniales concretas, no por la infidelidad en sí misma.

En conclusión: la infidelidad puede romper una relación, pero no abre la puerta a una demanda automática en México. La ley distingue entre el daño emocional y la responsabilidad jurídica, y prioriza la libertad personal sobre la sanción legal de los conflictos sentimentales.

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