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¿El medio ambiente es reconocido como un derecho? Esto dice la Corte 

Respirar aire limpio o contar con agua en buenas condiciones son necesidades básicas, hasta que la contaminación representa un riesgo. Pero, ¿cuidar el entorno queda en una buena intención o existe una obligación?

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) recordó que el medio ambiente sano es un derecho humano. Aquí en el sitio “El Mundo del Derecho” te explicamos los detalles. 

¿Qué dice la ley sobre el medio ambiente? 

El artículo 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos indica que “toda persona tiene derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar”.

Esa disposición obliga al Estado a garantizar su respeto y establece que el daño o el deterioro ambiental generan responsabilidad para quien los provoque, según los términos que marque la ley.

Recientemente, con motivo del Día Internacional Contra el Cambio Climático del 24 de octubre, la Corte retomó la idea de que “el medio ambiente sano es un derecho humano” al tratarse de una protección reconocida para todas las personas.

¿Cómo afecta el cambio climático a los derechos? 

Las consecuencias del cambio climático alcanzan aspectos de la vida diaria, a tal grado que la SCJN advierte que “el cambio climático pone en riesgo el agua, la alimentación, la salud y la vivienda”.

También reconoce que sus efectos son más graves para quienes viven en condiciones de vulnerabilidad, incluyendo a los pueblos, comunidades indígenas y afromexicanas.

Esto permite entender la relación entre el entorno y otros derechos, principalmente en: 

  • La disponibilidad de agua
  • La producción de alimentos
  • Las condiciones para vivir con salud que dependen de la conservación de los ecosistemas. 

Incluso la Corte ha implementado esos puntos en sus criterios sobre protección ambiental.

¿Aplica la protección para la naturaleza? 

Sí, la Corte ha reconocido que los componentes del medio ambiente tienen un valor que merece protección jurídica, incluso por encima de su utilidad para las personas.

Por esa razón, ese derecho tiene el alcance de que proteger un ecosistema no depende únicamente de acreditar que su deterioro ya afectó la salud de alguien, sino también considerar el daño a la naturaleza. 

En conclusión: garantizar que las personas disfruten de un entorno sano y considerar consecuencias para quienes lo dañen. Esa protección comprende el bienestar actual y las condiciones de vida para las próximas generaciones. 

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