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Algunas reflexiones sobre el derecho y la justicia

Por Pedro Pablo Castillo Meza

Hablar de justicia es adentrarse en un concepto que ha sido discutido, redefinido y aplicado de múltiples maneras a lo largo de la historia. Desde la filosofía clásica hasta el derecho contemporáneo, la justicia ha sido concebida como el ideal que garantiza la armonía social y la protección de los derechos fundamentales. Sin embargo, su significado y aplicación dependen del contexto en el que se analice.

Platón, en “La República”, sostenía que la justicia radica en que cada individuo desempeñe el papel que le corresponde dentro de la sociedad, sin interferir en la función de los demás. Por otro lado, Aristóteles diferenciaba entre justicia distributiva y justicia correctiva, destacando la necesidad de equidad en la distribución de bienes y la reparación de agravios. En la modernidad, John Rawls propuso su “Teoría de la Justicia” basada en los principios de igualdad y diferencia, estableciendo que las desigualdades solo son justificables si benefician a los menos favorecidos.

Para el derecho, la justicia no es solo un ideal filosófico, sino un principio rector que da legitimidad a las instituciones. Hans Kelsen, en su “Teoría Pura del Derecho”, argumentó que la justicia es un valor subjetivo que depende de las normas establecidas en una sociedad. Gustav Radbruch, con su célebre fórmula, afirmó que el derecho pierde validez cuando se aparta gravemente de la justicia, subrayando que una ley extremadamente injusta no puede ser considerada como derecho. Luigi Ferrajoli, con su modelo garantista, enfatiza que la justicia solo puede existir en un sistema donde el derecho imponga límites estrictos al poder y proteja de manera efectiva los derechos fundamentales. Robert Alexy, en su teoría del derecho, señala que la justicia no es una simple aplicación de reglas, sino un balance dinámico entre principios en conflicto, guiado por la argumentación racional. En su obra El concepto y la validez del derecho, plantea la ‘pretensión de corrección’, según la cual el derecho no puede ser completamente separado de la moral, ya que toda norma jurídica lleva implícita una aspiración a la justicia. En este sentido, la legitimidad del derecho depende de su capacidad para responder a exigencias de corrección moral y justicia material.

Ahora bien, para los mexicanos, este concepto de justicia ha sido una aspiración constante y una exigencia insatisfecha. A lo largo de la historia, el pueblo ha reclamado un sistema judicial que realmente represente sus intereses y garantice sus derechos. Sin embargo, la realidad muestra desafíos significativos. En el Índice Global de Estado de Derecho 2024 del World Justice Project, México ocupa la posición 118 de 142 países evaluados, lo que refleja un deterioro en la percepción de la justicia y el Estado de Derecho. Este ranking pone en evidencia las deficiencias en el acceso a la justicia, la independencia judicial y la efectividad de las instituciones, aspectos esenciales para la consolidación de un sistema democrático sólido.

En este contexto, la elección judicial del 1 de junio de 2025 marca un avance sin precedentes en la historia del país. Por primera vez, la ciudadanía tendrá la oportunidad de elegir a quienes impartirán justicia, consolidando así un modelo más democrático y participativo. Este proceso histórico debe servir para fortalecer la independencia judicial y garantizar que los jueces seleccionados representen los más altos valores de imparcialidad, conocimiento y compromiso con la justicia. Si la justicia es, como decía Radbruch, el fundamento del derecho, entonces la calidad de quienes la imparten determinará el futuro de nuestras instituciones.

En un país donde la confianza en las instituciones judiciales ha sido puesta en duda, la justicia no puede ser solo una aspiración, sino una realidad palpable. Esta elección no solo determinará quiénes ocuparán los cargos judiciales, sino que también definirá el rumbo de nuestro sistema de justicia en las próximas décadas. La responsabilidad es compartida: de quienes aspiran a impartir justicia y de quienes tienen el derecho de elegirlos. Pues, como bien se advierte en la teoría de Radbruch, el derecho pierde su sentido cuando se aparta gravemente de la justicia. La justicia, en última instancia, no es solo un concepto filosófico, sino una construcción social que depende de todos nosotros.

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